
A lo largo de la vida, todas las personas atravesamos experiencias dolorosas o difíciles. En la mayoría de los casos, nuestro cerebro es capaz de procesarlas e integrarlas de forma natural, permitiéndonos seguir adelante sin que generen un malestar significativo en el presente.
Sin embargo, algunas experiencias resultan tan intensas, prolongadas o desbordantes que no pueden ser procesadas adecuadamente en el momento en que ocurren. Cuando esto sucede, pueden quedar almacenadas de forma aislada en nuestro sistema nervioso, manteniendo la carga emocional asociada a lo que vivimos.
Por eso, aunque el acontecimiento pertenezca al pasado, determinadas situaciones del presente pueden activar ese recuerdo y generar reacciones emocionales, físicas o relacionales que resultan difíciles de comprender. En ocasiones, la persona siente que está reaccionando con una intensidad desproporcionada ante situaciones cotidianas, sin entender por qué.
La buena noticia es que estos recuerdos pueden procesarse e integrarse. A través de la terapia EMDR trabajamos sobre aquellas experiencias que continúan generando malestar en el presente, ayudando al sistema nervioso a desbloquearlas y favoreciendo una forma más adaptativa de relacionarse con ellas. De este modo, la experiencia deja de vivirse como una herida abierta y pasa a formar parte de la propia historia sin seguir condicionando el bienestar actual.
El abordaje psicoterapéutico EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares, Eye Movement Desensitization and Reprocessing en inglés) es un método de psicoterapia efectivo y con eficacia avalada por evidencia científica.
Es especialmente útil para recuperarse de eventos traumáticos y otras experiencias vitales angustiosas, así como para tratar la ansiedad, la depresión, el estrés post traumático y muchas otras patologías, incluidas las relacionadas con la sexualidad.

Documento sobre la evidencia científica de la terapia EMDR
Las principales investigaciones controladas, metaanálisis y revisiones sistemáticas que avalan la evidencia científica de la terapia EMDR.
¿Cómo es hacer terapia EMDR?

El EMDR es un abordaje terapéutico que consta de 8 fases, entre las que se incluye la recogida de tu historia vital, la regulación emocional, darte recursos para que cumplas tus objetivos en tu vida presente…
El «Reprocesamiento por Movimientos Oculares» que da nombre al EMDR es una de esas 8 fases. Es una forma de estimulación bilateral, que activa ambos hemisferios del cerebro. Esto puede realizarse de varias formas: no sólo con estímulos visuales sino también mediante toques alternados (tapping) y estimulación auditiva.
Nos conoceremos, me contarás tu historia, juntes conseguiremos que tu vida presente este más regulada y cuando estés preparade conectaremos qué partes de tu historia pueden estar afectando a tu vida presente y las procesaremos.
¿Funciona el EMDR si no hay trauma?
Cuando hablamos de trauma desde el enfoque EMDR, no nos referimos únicamente a grandes acontecimientos como accidentes, agresiones o situaciones extremas. En muchas ocasiones, el origen del malestar actual se encuentra en experiencias cotidianas que, aunque puedan parecer poco significativas desde fuera, dejaron una huella importante en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, a los demás o al mundo.
Comentarios humillantes durante la infancia o la adolescencia, experiencias de rechazo, relaciones afectivas dolorosas, exigencias constantes o situaciones en las que no nos sentimos vistos, comprendidos o suficientemente validados pueden influir en cómo nos relacionamos con nosotros mismos años después. A menudo, estas experiencias pasan desapercibidas o se minimizan, pero continúan activas en el presente a través de la inseguridad, la autoexigencia, las dificultades en las relaciones o determinadas reacciones emocionales.
Desde el modelo EMDR entendemos que no es tanto el acontecimiento en sí lo que determina su impacto, sino cómo fue vivido por la persona y la capacidad que tuvo el sistema nervioso para procesarlo e integrarlo. Cuando estas experiencias pueden elaborarse adecuadamente, dejan de condicionar el presente. Como consecuencia, suelen producirse cambios significativos en la forma de sentirse, relacionarse y afrontar la vida, favoreciendo un mayor bienestar emocional y una relación más segura con uno mismo y con los demás.